Ni ni y delincuencia. Estrategia equivocada
Las últimas noticias parecen sugerir un vínculo entre los ni ni (jóvenes que no estudian ni trabajan) y el persistente incremento de la delincuencia.
El ministro Bonomi acaba de afirmar que cada vez hay más delincuentes (no solo hay aumento de delitos, también se incrementan el número de quienes los cometen) basándose en que el 60% de los procesados son primarios (nuevos delincuentes, no reincidentes).
Se estima que hay unos 36.000 jóvenes entre 16 y 24 años en condición de ni-ni.
Nuevos jóvenes ni-ni se agregan año a año, debido al persistente fracaso y deserción de la enseñanza secundaria, haciendo que esta cifra se mantenga, dado que los que superan los 24 años dejan de ser jóvenes ni-ni, pero pasan a ser adultos en la misma condición. Por lo tanto el problema es mucho mayor que la cifra expresada, la cual refleja únicamente a los jóvenes en esa condición, y no incluye a los adultos mayores de 24 en la misma situación.
Como la causa de este problema, la deserción de enseñanza secundaria, asociado a los bajos niveles de conocimientos adquiridos en primaria, no se ha modificado, el problema se va a seguir incrementando.
La estrategia para solucionarlo, dado que el cambio en el sistema educativo ha fracasado (que sería la única forma de frenar la reproducción de nuevos ni-ni) fue instrumentar un plan de reinserción educativa y/o laboral con los que ya están en condición de ni-ni. O sea que se intentó una medida paliativa frente al problema.
Se puso en práctica un plan piloto (llamado Jóvenes en red), que trabajó con el 10% de los jóvenes en esa condición, o sea que se trabajó con 3.600 jóvenes. La tasa de éxito fue de un exiguo 8%.
Quiere decir que con este programa se logró reinsertar a unos 280 jóvenes. Por lo tanto abandonaron la situación de ni-ni 280 jóvenes, de un total de 36.000.
Esto es muy valioso para esos 280 individuos, pero para la sociedad, como solución al problema que le genera este grupo social es un completo fracaso.
Con estos resultados, si lográramos atender a los 36.000 (lo cual nos llevaría 10 años atendiendo al ritmo actual de un 10 % cada año) lograríamos reinsertar a solo 2800 ni-ni, dejando en la misma condición que tenían antes a los 33.200 jóvenes restantes.
Es de señalar además, que durante estos 10 años se estarían agregando nuevos ni-ni año a año. que se sumarían a los 33.200 actuales no reinsertados.
Insisto con que esta estrategia aplicada no aporta ninguna solución al problema que tiene la sociedad con estos jóvenes ni-ni, y futuros adultos en similar condición.
Deben buscarse otras alternativas que sean más exitosas y eficaces.
Porque seamos claros, cuales son las alternativas de vida para este grupo social?
Pueden ser beneficiaros de planes sociales de por vida (Mides mediante), o dedicarse a la mendicidad directa o encubierta (limpiavidrios en semáforos, cuidacoches, etc) o se vuelcan a la actividad delictiva, o una combinación de las tres alternativas.
Muchos, cuando la familia se cansa de su inactividad productiva, terminan viviendo en la calle. La drogadicción suele no ser ajena a una parte de este grupo. Por lo tanto dejarlos en la situación actual, sin intentar modificarla, es condenarlos a un futuro de fracaso y destrucción personal.
Mientras se siga poniendo el énfasis en los derechos de estos individuos a no hacer nada, en lugar de poner el acento en la responsabilidad social individual de estos sujetos, nada va a cambiar.
No es aceptable que toda la sociedad debe cargar con los costos de atención de quienes deciden no aportar a la misma, esperando que esta les satisfaga todas sus necesidades, además de las de sus hijos, lo hagan por vías legales, o por la fuerza y en contra de la voluntad del resto de la sociedad. Esto es una realidad, dado que la mitad de las mujeres en esa condición ya son madres.
Si se pone el acento en la responsabilidad social individual y se penaliza o castiga dicha situación, ello actuaría como un estímulo muy importante para reducir el número de ni-ni.
Por ello es que propongo que se deben aplicar dos medidas para atacar este problema y lograr un reducción efectiva del número de jóvenes en esta condición.
Si estas personas deciden no reinsertarse en programas de estudio o trabajo, debería aplicarse la ley de vagancia (vigente) o el servicio militar obligatorio con asistencia a la escuela y liceo militar.
La ley de vagancia (vigente) y que no se aplica incomprensiblemente (la aplicación de la ley es obligatoria) castiga esta situación y establece el traslado a centros de rehabilitación. Dice la ley en el Artículo 2º.- En las condiciones del artículo anterior podrán quedar sometidos a las medidas de seguridad que instituye la presente ley:
A) Los vagos, considerándose tales los que no teniendo medios lícitos de subsistencia, no ejerzan profesión u oficio y, siendo aptos para el trabajo, se entreguen a la ociosidad.
B) Los mendigos, considerándose tales los que, siendo aptos para el trabajo, se dedicaren -de modo habitual- a mendigar públicamente.
C) Los ebrios y toxicómanos habituales, que se embriaguen o intoxiquen en lugares públicos.
F) Los que, requeridos legítimamente por la autoridad, no justifiquen la procedencia del dinero o efectos que guarden en su poder...
La otra alternativa para solucionar el problema es establecer el servicio militar obligatorio para los ni-ni, como alternativa a la reclusión o a la reinserción en el sistema educativo.
El liceo militar tiene mejores resultados y menor deserción que los liceos públicos. Tendría muchas ventajas, dado que les enseñarían además de normas básicas de disciplina y comportamiento, posiblemente un oficio, de insertarse laboralmente en las propias fuerzas armadas, un sentido de pertenencia y utilidad a la sociedad, y además cumplirían con su cuota de responsabilidad social al realizar un servicio al país a través de su pasaje por el ejército y completar su educación básica.
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