El imparable infierno impositivo Uruguayo. 2° capítulo
28.12.2014
El imparable infierno impositivo Uruguayo. 2° capítulo
(o una muestra más de lo que puede hacer el garrote vil impositivo).
El escribano Anibal Durán en una reciente nota en el País (http://www.elpais.com.uy/opinion/testimonio-inversion.html) menciona que la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU), patrocina el Salón Inmobiliario Punta del Este (SIPE): se expondrán en el Salón Inmobiliario proyectos en el entorno de los 600.000 metros cuadrados. Dicha superficie, que equivale a unas 12.000 viviendas de 50 m2 c/u, supone una inversión de 650 millones de dólares.
De estos 650 millones, el Banco de Previsión Social recibirá por el aporte unificado de la construcción, 174 millones de dólares. Se pagará por mano de obra en el entorno de los 185 millones de dólares para alrededor de dos millones de jornales.
Por concepto de IVA (DGI agradecida), 84 millones de dólares entre IVA ventas e IVA compras. El impuesto a las transmisiones patrimoniales, alrededor de 24 millones de dólares; de IRAE, 55 millones de dólares y Patrimonio, 18 millones de dólares.
Si sumamos los aportes al estado por los distintos rubros, solo en impuestos tenemos unos 181 millones de dólares (un 28 % del total invertido), pero si le agregamos el aporte al BPS suma nada menos que 355 millones de dólares (casi un 55 %) de toda la inversión va a parar a manos del Estado.
Una carga impositiva y de aportes al estado que llega al 55 % de lo invertido parece un monto excesivo y poco estimulante para el desarrollo de cualquier actividad productiva que estimule la inversión.
Pero no es lo único que termina en las arcas estatales, dado que de los salarios, IVA e IRPF mediante la dgi se queda con un porcentaje que puede aproximarse a un 30% de lo cobrado.
De hecho, en Montevideo, el estado ya se vió obligado a reducir esta pesada carga impositiva para que se comenzara a edificar obra nueva para clases medias, dado que la construcción al norte de Av. Italia prácticamente era igual a cero. En realidad el estado logró que se invirtieran más de 1200 millones de dólares por inversores privados, y se construyeran casi 10.000 viviendas nuevas, en muy poco tiempo. (realidad muy diferente al plan Juntos que pretendía construir 50.000 viviendas y aún no llegó a las 2.000)
Pero al final toda la carga impositiva, por más que sea cobrada a través de diferentes organismos o etapas del proceso de construcción o venta, termina trasladándose al precio final de la vivienda, y por ende todos los impuestos los termina pagando el comprador final y seguramente quién termina utilizando la vivienda.
Por ello es que la vivienda es tan cara y resulta inaccesible para gran parte de la ciudadanía. Hay que destacar que luego de pagar un 55% de aportes al estado, hay que pagar mas impuestos aun a las intendencia y otros organismos (contribución, impuestos de puerta, primaria, saneamiento, IRPF o ITP)
También es por ello que los asentamientos no desaparecen, y en algunos casos como en Maldonado no han dejado de incrementarse. Fernando Cabezudo, director del Plan de Mejoramiento de Barrios (PMB, ex PIAI), informó que entre 2006 y 2011 detectaron 18 “nuevos asentamientos”. Se sabe que muchos son en Maldonado y Canelones. En el departamento fernandino los asentamientos crecieron hasta 400% en los últimos diez años, ha revelado la intendencia. Hasta allí llegan las cifras oficiales. (http://www.elpais.com.uy/informacion/emergen-asentamientos-nuevos-pese-alza.html)
Parece contradictorio que en los 10 años de mayor crecimiento económico del país, los asentamientos no solo no se hayan reducido, sino que no hayan parado de incrementarse. Pienso que en gran parte esto es debido a los efectos perjudiciales que tiene la política impositiva sobre la vivienda, que en lugar de redistribuir riqueza como se pretende, se termina redistribuyendo malas condiciones de vida vinculadas a la vivienda en un asentamiento.
En realidad, más allá de las buenas intenciones, redistribuimos y perpetuamos pobreza en base a impuestos.
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