05.01.2014 17:18
Enero de 2014
El imparable infierno impositivo Uruguayo.
Tal como se describe en La Divina Comedia, el ciudadano Uruguayo es empujado año tras año hacia un nuevo círculo, cada vez más profundo, de este infierno impositivo que castiga a todos los Uruguayos.
En este último año, como si aún pagáramos pocos impuestos, hemos incorporado a nuestra lista de tributos a pagar: una tasa postal de 10%, Incremento del Imesi a los autos 0 km, aumento de las tarifas de UTE por encima de sus costos reales y rebaja de combustibles menor a la que indicaban sus costos reales (ambos constituyen impuestos encubiertos que van a parar a la caja del gobierno central).
La no elevación del mínimo no imponible del IRPF, el aumento hasta el 30% de la tasa máxima de dicho impuesto y el cálculo del valor de la base de prestaciones (sobre la que se calcula el mínimo no imponible y las franjas a pagar del IRPF) por debajo del índice de aumento de salarios hacen en conjunto que más trabajadores deban pagar IRPF, y que aquellos que ya lo pagaban deban pagar más.
Ahora se habla de incrementar la franja que paga la tasa máxima haciéndola aportar el 30 % a partir de los $ 200.000 de ingresos, en vez de los $ 300.000 actuales, y además se pretende no devolver el exceso de retenciones por FONASA, lo cual equivaldría a llevar el IRPF a una tasa máxima del 36 % o mayor según los casos individuales, sin decirlo específicamente.
El manejo del cálculo de la inflación mediante la manipulación de las tarifas de UTE en diciembre pasado, para que la inflación calculada diera un valor menor al real, y así determinar un menor aumento de salarios, termina castigando a los trabajadores a dos bandas. Se recibe un menor aumento de salario y simultáneamente se incrementan los impuestos a pagar.
La postergación, una vez más, de la prometida rebaja del IVA que debía acompañar a la aplicación del IRPF, sumado a que se aplicó el IVA a una lista mayor de productos y servicios.
Por último el intento de imponer el ICIR, que aunque apunta a los poseedores de tierras, al trasladarse el impuesto a los bienes producidos los terminan pagando los trabajadores y humildes consumidores finales.
De rebajar el enorme y desproporcionado gasto estatal, de ponerle control al despilfarro de dineros públicos, de mejorar la gestión del estado y hacerla más eficiente, de reducir el número de funcionarios en exceso en muchas dependencias públicas, de despedir a aquellos que no cumplen con sus funciones, de frenar las dádivas estatales hacia aquellos que deciden no trabajar, nadie dice ni una sola palabra.
La única solución que se escucha, es más y más impuestos.
PD: Pareciera que en el 2014 nada cambiara. Comenzamos con el aumento de los combustibles (ya eran los mas caros de toda América) debido al aumento del impuesto sobre los combustibles (Imesi).
La prometida rebaja del Iva cumplió un año mas sin llegar, y el aumento del mínimo no imponible del IRPF esbozó una pequeña elevación, pero inferior al aumento de salarios de modo tal que nadie deje de pagar lo que estaba aportando a la voraz DGI.
PD 2: Parece que a partir del 2015 seguiremos con la misma ideología, todo lo resolveremos con más y más impuestos, dado que desaparecerá una parte de la rebaja transitoria de IVA, estamos pagando los combustibles a un precio arbitrariamente superior a su costo, (lo cual implica una recaudación impositiva encubierta de unos 46 millones de dólares mensuales), el MPP quiere incrementar las contribuciones inmobiliarias en Montevideo, el MSP, quiere que el cobro de tickets mutuales se realice en forma diferencial según la capacidad contributiva del usuario, sin tener en cuenta que ya paga más aquel que gana más (la contribución al Fonasa ya es diferencial según los ingresos), y además la propuesta del nuevo presidente de volver a cobrar Primaria a los inmuebles rurales, además del futuro plan nacional de cuidados, que al igual que el Fonasa se financiará mediante un aporte solidario según el cual pagará más quién gane más.
Un aporte más y van...
Esto me recuerda al garrote vil, que aplicado sobre el cuello del ciudadano, y accionado por los diversos organismos del estado, cada uno a su turno, con su afilado lápiz impositivo va aplicando un nuevo giro al garrote, apretando cada vez más el cuello hasta asfixiarlo completamente.
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