domingo, 30 de marzo de 2014

El ilusorio reparto de la riqueza mediante impuestos

Los impuestos, lejos de generar reparto de riqueza, alejan a los pobres del acceso a bienes y servicios.
Esto lo expuse en publicaciones anteriores tomando como ejemplo la política impositiva sobre los automóviles, la cual en su intento de castigar a los ricos que compran vehículos considerados como un bien suntuario, termina castigando a los pobres que terminan utilizando vehículos viejos e inseguros, mientras que los ricos compran autos modernos con elevado equipamiento de seguridad. En los últimos años la brecha se incrementó y se hizo más evidente dado que los obreros se desplazan en motos y terminan formando parte del 60 % de muertos y lesionados en accidentes de tránsito. 
Debido a esta política impositiva distorsionante, que impide el acceso a vehículos seguros a la mayoría de la ciudadanía, el estado termina gastando mucho más de lo que recauda en impuestos a los autos, en gastos de atención sanitaria a los más de 25.000 accidentados por año en siniestros de tránsito. 
Cuanto mayor es la carga impositiva mayor resulta la brecha social. Para el estado es un pésimo negocio dado que gasta más de lo que recauda, y lejos de repartir riqueza, termina alejando a los pobres de vehículos seguros y lo que les reparte es la siniestralidad en el tránsito y sus terribles consecuencias de muerte y lesiones invalidantes.
Los ricos poseen múltiples mecanismos para no pagar los impuestos, dado que pueden trasladar a los precios de lo que producen,  o servicios que prestan, los impuestos que se les intenta cobrar.
Si no pueden trasladar los impuestos, simplemente dejaran de producir,  cerrarán su empresa y pasarán a realizar otra actividad, ya sea en el país o fuera de él, y los que pagarán el costo serán los obreros y empleados que queden sin su fuente laboral.
Además el Estado es un pésimo agente repartidor de riqueza, dado que es muy ineficiente y casi el 80 % de lo que ingresa lo gasta en salarios y gastos de funcionamiento, por lo cual reparte en obras y servicios apenas el 20 % de lo que recauda, sin contar con los gastos innecesarios debidos a errores e incompetencia en la gestión.

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