Mujica y una renuncia fiscal imaginaria.
El presidente se refirió en su audición radial a la ley de promoción de vivienda social indicando que dicha ley implicó para el gobierno "una fuerte renuncia fiscal".
Pero el presidente también reconoce en su audición, que antes de la ley, más del 80% de la construcción se hacía en la franja costera, o sea fuera del área abarcada por la nueva norma. En conclusión, no existía construcción en las zonas que ahora si se construye gracias a la ley, y por lo tanto no existía tampoco ninguna recaudación impositiva vinculada a la construcción de vivienda.
En conclusión, no existe la tal renuncia fiscal. No se puede renunciar a algo que nunca existió.
Es más, si no se creaba la ley que exonera de múltiples impuestos sobre la vivienda a la construcción nueva en determinadas zonas, nunca se hubiera construido nada (tal como lo reconoce el propio presidente), por lo tanto la recaudación impositiva hubiera sido igual a cero.
Creo que del análisis de lo ocurrido con la ley de promoción de vivienda social, debería ponerse el énfasis en la comprobación de como la excesiva carga impositiva que soporta la vivienda, llevó a hacer desaparecer la construcción de vivienda nueva, con la única excepción de la construcción de vivienda para los sectores de altos ingresos.
Lo ocurrido demuestra, que el intento de redistribuir la riqueza mediante impuestos, poniéndole impuestos a la vivienda de los ricos para repartir entre los pobres, lo que ha repartido en realidad fue pobreza, alejando a los pobres cada vez más de la posibilidad de acceder a una vivienda formal.
Es por ello que los asentamientos informales no han parado de crecer.
Se debería entonces, en lugar de poner el énfasis en renuncias fiscales y sacrificios del gobierno inexistentes, en el hecho de que las cargas impositivas desmedidas, lejos de repartir riqueza, lo que reparten es pobreza y estancamiento, dado que hacen desaparecer la actividad económica gravada (no existía construcción de vivienda nueva en la mayor parte de la ciudad).
Con la simple medida de eliminar estas cargas impositivas asfixiantes, la actividad constructiva floreció como hongos después de la lluvia. El sector privado por si mismo, sólo con financiamiento privado exclusivo, determinó una inversión de más de 1.000 millones de dólares y la construcción de miles de viviendas nuevas, de calidad y en áreas urbanizadas, con todos los servicios ya existentes, en tan sólo 2 años.
El estado es incapaz de realizar tamaña inversión ni actuar con tanta celeridad. Para ejemplo sobran los múltiples intentos y varias instituciones estatales creadas para el financiamiento y la construcción de viviendas a lo largo de los últimos decenios (BHU, INVE, PLAN JUNTOS, ANV).
Toda esta actividad constructiva nueva, no le ha costado nada al estado, no ha tenido que crear ningún organismo ni destinar ningún presupuesto para que ello ocurriera.
Todo lo contrario a la imaginaria renuncia fiscal, el estado ha pasado a recaudar dinero extra, dado que todos los salarios generados por esta actividad pagan impuestos, aportan a las arcas del estado vía irpf, iva, etc., amén de todo el circuito de proveedores que trabaja para aportar lo necesario para la construcción, dado que las exoneraciones impositivas son sólo sobre la vivienda y no sobre los salarios de los que las construyen o trabajan en la provisión de los servicios y materiales necesarios.
Que bueno sería que se redujera la carga impositiva que soporta la ciudadanía en general, en todas las áreas, dado que tal como aconteció con la construcción de vivienda, florecería la actividad económica en general.
Todos nos veríamos beneficiados, inclusive el propio gobierno a través del incremento de la recaudación que el aumento de la actividad termina generando.
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